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Por qué y para qué las unidades aerotransportadas

Extracto histórico de 80 años de operaciones Rara vez se ha debatido la utilidad del empleo de las unidades aerotransportadas desde el punto de vista conceptual. Este se refleja en dos modelos: capacidad de realizar...

Extracto histórico de 80 años de operaciones

Rara vez se ha debatido la utilidad del empleo de las unidades aerotransportadas desde el punto de vista conceptual. Este se refleja en dos modelos: capacidad de realizar acciones en profundidad, y capacidad de proyectar el poder. A lo largo de su historia las unidades aerotransportadas se han adaptado a la situación de cada momento. Para determinar el papel que pueden jugar en el futuro, el autor intenta responder a la pregunta de por qué y para qué las necesitamos.

Tradicionalmente, el empleo operativo de unidades aerotransportadas en general, y paracaidistas en particular, ha suscitado una viva polémica muy condicionada por los supuestos fracasos de las operaciones en las que estas han participado a gran escala. Se han subrayado de forma notable las vulnerabilidades que por su naturaleza tienen las fuerzas aerotransportadas: aislamiento, dificultades de mando y control, y problemas en cuanto al

sostenimiento prolongado de las operaciones. Sin embargo, rara vez se ha entrado a debatir la utilidad de su empleo desde el punto de vista conceptual, que básicamente se refleja en dos modelos: capacidad de realizar acciones en profundidad en el ámbito táctico u operacional y capacidad de proyectar el poder en el ámbito político-estratégico. A lo largo de su historia, las unidades

paracaidistas han sabido adaptarse a la evolución de las condiciones en las que se han empleado siguiendo esos modelos.

De Los Orígenes A 1945

Históricamente, los primeros en desarrollar una teoría de empleo para fuerzas aerotransportadas fueron los soviéticos en los años 30 del siglo xx. Fundamentalmente Tugachevsky y

Triandavillov1 desarrollaron el concepto de «batalla en profundidad», donde las unidades paracaidistas tendrían que jugar un papel importante actuando sobre la retaguardia enemiga. En Alemania, prácticamente en paralelo al desarrollo de los conceptos de blitzkrieg se constituyeron unidades paracaidistas cuyo concepto de empleo se basaba en lo que pueden denominarse acciones de «golpe de mano estratégico». Siguiendo ese concepto, en 1940 en las operaciones de invasión de Dinamarca, Noruega y Holanda se realizaron lanzamientos paracaidistas seguidos de operaciones de aerotransporte sobre puntos críticos. La entidad máxima de las unidades paracaidistas empleadas fue de un batallón. La mayoría de estas acciones, limitadas tanto en objetivos como en entidad de fuerza, se tradujeron en éxitos tácticos, del que el más conocido es la captura del fuerte Eben Emael durante la invasión de Holanda.

«Los fallos de la operación (Creta) se debieron a razones ajenas a la naturaleza de las unidades empleadas, principalmente porque se subestimó la entidad del enemigo que debía oponerse» Aplicando el mismo concepto de empleo, los alemanes lanzaron la invasión de Creta en 1941. Esta operación, de mucha mayor envergadura, estuvo a punto de fracasar, y aunque finalmente se consiguió el objetivo de ocupar la isla, no fue sino a costa de grandes pérdidas. Aunque entramos

en el campo de las conjeturas, la alternativa de una operación anfibia posiblemente hubiera implicado pérdidas igualmente elevadas y seguramente hubiera proporcionado un resultado más incierto. En cualquier caso, los fallos de la operación se debieron a razones ajenas a la naturaleza de las unidades empleadas, principalmente porque se subestimó la entidad del enemigo que debía oponerse. Este enemigo, por otra parte, estaba suficientemente alertado de la realización de la operación, que no contó con el elemento clave del factor sorpresa. Ambos factores, enemigo superior a lo estimado y pérdida de la sorpresa, fueron determinantes para el gran volumen de pérdidas que sufrieron los alemanes en la operación. Creta supuso el fin del empleo de las fuerzas paracaidistas alemanas como tales siguiendo el concepto de «golpe de mano estratégico», con la excepción de la operación de liberación de Mussolini, realizada por una unidad de operaciones especiales paracaidista en septiembre de 1943. Por parte aliada, el concepto de empleo contemplaba igualmente acciones de anticipación sobre puntos sensibles de la retaguardia enemiga

pero utilizando unidades de mayor entidad. De alguna manera, los británicos y norteamericanos planteaban una combinación de las teorías soviéticas de acción en profundidad con las alemanas de golpe de mano estratégico. En general, las operaciones de gran envergadura realizadas supusieron éxitos tácticos limitados con costes elevados. Tanto en la operación Husky, en Sicilia, como posteriormente durante la operación Avalancha de desembarco en la península italiana, las operaciones aerotransportadas realizadas en apoyo al desembarco alcanzaron sus objetivos aunque con fuertes pérdidas, debido nuevamente a una deficiente evaluación del enemigo en presencia y de las condiciones meteorológicas. El procedimiento de empleo de lanzamientos y aerotransportes en apoyo a la operación de desembarco se aplicó igualmente en Normandía, donde los norteamericanos lanzaron 24.000 hombres de las divisiones 82 y 101 utilizando más de 1.500 aviones y unos 500 planeadores. En esta ocasión las unidades sufrieron una enorme dispersión, lo que dificultó

Tropas aerotransportadas norteamericanas durante la operación Market-Garden

su actuación y contribuyó a producir nuevamente grandes pérdidas. Aunque el empleo de estas unidades contribuyó de forma significativa al éxito de la operación, fue a un coste muy elevado. Mejor suerte corrieron las unidades paracaidistas que participaron en el marco de la operación Anvil en agosto de 1944, durante el desembarco en Provenza.

La operación Market-Garden es el paradigma de las grandes operaciones paracaidistas y es señalada también como el modelo de su fracaso. El concepto de operaciones sigue la doctrina soviética de acción estratégica en profundidad, que combina el «golpe de mano» sobre puntos estratégicos. A pesar de las críticas que se han realizado a esta operación, no

puede decirse que el planteamiento fuese descabellado. En los aproximadamente 100 kilómetros que hay entre Eindhoven y Arnhem debían lanzarse tres divisiones del cuerpo aerotransportado aliado (las 82 y 101 norteamericanas y la primera de paracaidistas británica). Arnhem puede ser que fuera «un puente demasiado lejano», pero es innegable que las

acciones sobre Eindhoven y Nimega fueron un éxito. La clave del fracaso la encontramos en el extremadamente lento avance del componente terrestre (operación Garden) para alcanzar Arnhem. Debemos resaltar que las unidades paracaidistas británicas y polacas realizaron un esfuerzo muy superior al previsto y que antes de su aniquilación estuvieron combatiendo durante un total de ocho días. El problema, más que en el concepto de la operación o en la naturaleza de las unidades, lo encontramos nuevamente en fallos de inteligencia, que realizaron una deficiente evaluación de la amenaza, y en la citada lentitud de «Garden», que finalmente llevó a un aislamiento demasiado prolongado del componente aerotransportado.

Descolonización Y Guerra Fría

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial las unidades paracaidistas, que aparentemente estaban condenadas al ostracismo, resurgen de la mano de Francia como una solución al tipo de guerra que se combate a partir de 1946 en Indochina. El concepto francés plantea el empleo de unida-

El concepto francés (en Indochina) plantea el empleo de unidades paracaidistas para realizar acciones en zonas de difícil acceso siempre con un carácter limitado en duración, objetivos y en entidad de la fuerza des paracaidistas para realizar acciones en zonas de difícil acceso siempre con un carácter limitado en duración, objetivos y en entidad de la fuerza. La exigencia de disponer de aviones

Tropas francesas embarcan para saltar sobre territorio enemigo en Indochina

Operación de limpieza en Kolwezi

y personal especializado llevó a que el máximo que se concebía emplear fuera de tres batallones en una oleada. Las fuerzas francesas llegaron a disponer, al final de la campaña, de un total de 14 batallones paracaidistas. Entre 1946 y 1954 los franceses realizaron más de 200 operaciones paracaidistas, en su mayoría de nivel sección o compañía. De ellas 36 fueron de nivel batallón y solo 5 implicaron a fuerzas de entidad superior con varios millares de hombres. La utilidad de las tropas aerotransportadas llevó a constituir un mando específico dependiente directamente del jefe de teatro, de tal manera que este dispusiese de una importante reserva móvil en el ámbito operacional. La mayor parte de las acciones de los paracaidistas franceses en Indochina tuvieron como misión el apoyo a otras fuerzas, el socorro a guarniciones, el control de zonas, la apertura de rutas y la ocupación de objetivos vitales. Nuevamente vemos una mezcla del concepto soviético de operaciones en profundidad y del

alemán de golpe de mano estratégico en el marco de una nueva forma de guerra irregular. Las principales dificultades para el empleo de estas unidades a nivel táctico se produjeron por la falta de aviones, el tipo de terreno y las condiciones meteorológicas, y el carácter del enemigo. Sin embargo, proporcionaron una notable flexibilidad operacional. La operación Castor (Diên Biên Phu) se convirtió en un nuevo paradigma del supuesto fracaso de las operaciones paracaidistas. Sin embargo, en su concepción inicial de constituir una base de operaciones avanzada puede asegurarse que el objetivo se consiguió con los lanzamientos de varios miles de paracaidistas entre el 20 y el 23 de noviembre de 1953. La debacle se produjo cuando la base de operaciones constituida tras la operación paracaidista se convirtió en un centro de resistencia estático y la operación se transformó en una operación defensiva de larga duración en una zona alejada y aislada de las fuerzas propias. El fracaso no lo apreciamos en el carácter de las fuerzas empleadas (se

produjeron lanzamientos hasta prácticamente el mismo 7 de mayo de 1954 cuando Diên Biên Phu cae), sino nuevamente en una subestimación de la capacidad enemiga y en la falta de medios para el tipo de combate que finalmente se produjo, notablemente artillería, carros y apoyo aéreo. Se trata de una clara situación de aislamiento operacional producida por problemas de diferente índole para sostener el esfuerzo planteado y no derivados de la naturaleza de las unidades paracaidistas. Las lecciones de Indochina son llevadas a Argelia. Las unidades paracaidistas continúan actuando como reserva general a nivel teatro y su empleo aprovecha la aparición del helicóptero, que favorece que se obtengan muy buenos resultados tácticos. La combinación de helicópteros con unidades ligeras paracaidistas a base de destacamentos de entidad compañía de fusiles utilizando helicópteros de transporte y de observación fue una herramienta muy útil para las operaciones contra los rebeldes.

En el ínterin y en el plano de operaciones convencionales durante la guerra de Corea solo se producen dos operaciones (Summit y Bumblebee) en las que unidades de marines fueron helitransportadas desde portaaviones para realizar operaciones sobre objetivos limitados en apoyo a fuerzas de desembarco.

«El desarrollo del helicóptero, que en menos de dos décadas se había mostrado como un medio mucho más flexible que el avión, facilitó la actuación de unidades aerotransportadas en Vietnam»

No debemos dejar de citar la operación franco-británica sobre Suez en 1956. Aunque el objetivo político fijado no se alcanzó por cuestiones ajenas a la operación, esta constituyó un notable éxito. Como evolución conceptual del golpe de mano estratégico se trata de una operación de «proyección de poder», que fue un éxito militar en un marco muy complejo desde todos los puntos de vista. Franceses y británicos debían realizar un desembarco anfibio soportado por una operación aerotransportada, mientras que las fuerzas israelíes realizaban una acción principal. Ese mismo carácter de proyección de poder fue el que tuvieron posteriormente otras operaciones en las que se emplearon unidades paracaidistas, como por ejemplo las realizadas por Israel en Entebbe en 1977, la operación franco-belga sobre Kolwezi en 1978 o las intervenciones norteamericanas en Santo Domingo (1965), Granada (1983) o Panamá (1989).

más flexible que el avión, facilitó la actuación de unidades aerotransportadas manteniendo su vocación de actuación en profundidad y con capacidad de realizar golpes de mano sobre objetivos específicos.

Durante la guerra de Vietnam los norteamericanos aprovecharon la experiencia francesa en Argelia. El desarrollo del helicóptero, que en menos de dos décadas se había mostrado como un medio mucho

Intervención Rápida Y Acción En

PROFUNDIDAD

Las posibilidades que ofrecen los nuevos materiales y la tecnología dan lugar a su vez a la aparición del concepto de asalto aéreo, que se desarrolla en paralelo en la Unión Soviética y que allí se concibe como «asalto aeromecanizado», utilizando helicópteros de transporte y ataque junto con medios mecanizados ligeros (BMD), pero que en definitiva sigue el mismo criterio de acción en profundidad planteado por Triandavillov en los años 30. En Occidente la evolución del concepto llevaría al desarrollo de la doctrina del Airland Battle y FOFA (Follow-on Forces Attack), que estaría en vigor hasta el final de la Guerra Fría.

El fin de la Guerra Fría representa una reducción general de las fuerzas, especialmente en los países de la

Fuerzas rusas aerotransportadas

La BRIPAC en Afganistán

OTAN, a la que no son ajenas las unidades aerotransportadas que ven reorientado su papel hacia intervenciones inmediatas sobre objetivos específicos. Se ponen en valor como unidades que pueden emplearse en el ámbito estratégico y que ofrecen flexibilidad al mando al mismo tiempo que permiten agilidad de empleo. Las unidades aerotransportadas reciben un nuevo impulso como medio de proyección de poder o de fuerzas de primera respuesta con un carácter de disponibilidad 24/7. Así, se da lugar durante los años 90 a la creación de las Fuerzas de Acción Rápida. La entidad de estas fuerzas, de nivel división o superior en algunos casos, permite además combinar tanto la actuación en profundidad en operaciones convencionales como la proyección de poder para proporcionar capacidad de respuesta a situaciones de crisis. La idea alcanza también al Ejército ruso, que reduce sus unidades aerotransportadas y paracaidistas en un 50 % pero puestas directamente a disposición del presidente. Estas unidades demostrarían su utilidad en Osetia

del Sur en 2008, cuando se lanzaron dos batallones de paracaidistas como paso previo a la intervención2. En Kuwait, durante las operaciones Desert Shield y Storm, las unidades aerotransportadas cumplen el doble papel de fuerzas de primera entrada y de actuación en profundidad, y se realizan lanzamientos paracaidistas en la acción de cobertura de flanco al XVIII CE3. El papel del aerotransporte en estas operaciones fue destacado. Desde el 7 de agosto de 1990, y durante los siguientes siete meses, se transportaron más de medio millón de toneladas de carga y medio millón de pasajeros. El tonelaje diario transportado fue diez veces el del puente aéreo a Berlín de posguerra y cuatro veces el realizado en apoyo a Israel en 1973. Los problemas a otra escala y con otra dimensión diferente fueron similares a los de Diên Biên Phu en 1954: disponibilidad de tripulaciones, falta de adiestramiento y material en preparación y manejo de cargas y disponibilidad de aeropuertos. La disponibilidad de medios aéreos produjo problemas logísticos

debido a que un tercio de la flota de C5 estuvo inoperativa por necesidades de mantenimiento, mientras que la carga real de los C141 era de tres cuartas partes de lo estipulado en los manuales. En Europa, a finales de siglo xx, tanto Francia como Reino Unido planteaban la necesidad de mantener una capacidad de intervención autónoma pero con matices diferentes. En el Reino Unido se crea en 1999 la 16 Brigada de Asalto Aéreo, fusionando la 5.ª Brigada Aerotransportada y la 24.ª Aeromóvil, con el peso de las capacidades sobre la aeromovilidad en lugar de las capacidades paracaidistas. En Francia se mantiene una potente Brigada Paracaidista, la 11. Una solución influida por la tradición y la cultura de intervenciones operativas autónomas desde el final de la guerra de Argelia. Aun con matices, el objetivo es el mismo: disponer de unidades de primera intervención actuando por vía aérea. Los franceses han realizado algunas intervenciones desde entonces con unidades paracaidistas principalmente en África

Las lecciones obtenidas por los norteamericanos en Irak y Afganistán han llevado a una modificación de las estructuras de las divisiones 82 y 101, de tal manera que permitan mantenerse capacidades que respondan a los dos conceptos de empleo que venimos apuntando: acción en profundidad o golpe de mano estratégico. En definitiva, capacidad de proyectar el poder en los diferentes niveles de conducción de las operaciones.

(Costa de Marfil, Congo, Chad), pero también se realizaron helitransportes y lanzamientos en Kosovo en 1999 y 2004. En ese mismo teatro, la rápida intervención de paracaidistas italianos sobre el aeródromo de Dakovica permitió un refuerzo importante a las tropas de KFOR durante los sucesos de marzo de 2004. En Irak, en 2003, al no permitir Turquía la apertura de un segundo frente a través de su territorio, los norteamericanos lanzaron la 173 Brigada para actuar en profundidad y garantizar la operación de un aeródromo. Si bien se actuó en un frente secundario y en un ambiente relativamente permisivo, esta acción pone de manifiesto el doble papel de las unidades paracaidistas de poder participar como unidad de maniobra ligera o de convertirse en un elemento estratégico de primera intervención o de urgencia. Este mismo concepto operativo ha sido el aplicado durante el ejercicio Swift Response 2017, donde se han lanzado unidades paracaidistas para ocupar un aeropuerto.

Los fallos de las operaciones aerotransportadas se deben principalmente a que en su ejecución se alejaron del concepto de empleo de las unidades más que a su naturaleza y a las capacidades que proporcionan. Cuando las operaciones se planearon y ejecutaron planteando de manera coherente los esfuerzos que se debían realizar con las características de las unidades, el resultado fue satisfactorio. En general, podemos decir que las operaciones aerotransportadas de nivel brigada o inferior con objetivo y duración limitados han sido un éxito en su mayoría4. En la actualidad las unidades aerotransportadas se mueven conceptualmente entre los vértices de un triángulo que debe responder a proporcionar capacidad inmediata de proyección estratégica, capacidades polivalentes para diferentes ambientes operativos y acción especializada paracaidista5. Aunque con las limitaciones derivadas de su propia naturaleza, que deben compensarse en el conjunto de la maniobra global, las unidades aerotransportadas en general, y las paracaidistas en particular, disponen de una gran capacidad de adaptación a la cambiante situación operacional y táctica. Desde el punto de vista estratégico, no debemos olvidar el valor disuasorio que representa solamente la amenaza de su empleo. El soldado paracaidista, por la propia naturaleza del salto, es un soldado «probado» en situaciones de

riesgo. Los cuadros de mando están habituados a afrontar situaciones inciertas y cambiantes, lo que favorece su actuación como líderes naturales en situaciones de combate donde la incertidumbre es la norma. Para determinar el papel que las unidades paracaidistas y aerotransportadas pueden jugar en el futuro escenario de crisis y conflictos debemos desligar el debate racional de los sentimientos derivados solo de los fracasos y dar respuesta a la pregunta de por qué y para qué las necesitamos. Su futuro dependerá de la evolución del concepto doctrinal de empleo de fuerzas aerotransportadas y paracaidistas para adaptarse al escenario estratégico.

Triandavillov, V. The nature of the operations of modern armies. Ilfor, Essex. 1994. 2. Michel, B. Les opérations aéroportées. La profondeur strategique en question. IFRI, Laboratoire de Recherche sur la Défense. Focus Stratégique n.º 37; mai 2012. 3. Calvo, C. Un ciervo en el desierto. La División Daguet en Irak, 1991. 2012. 4. Devore, M. When Failure Thrives. Institutions and the Evolution of Postwar Airborne Forces. The Army Press, Fort Leavenworth, Kansas; june 2015. 5. Michel, B. Op. Cit. Página 31. 1.

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